Domingo, Agosto 25, 2019
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LAS PARRAS DE DON EMILIO

fincaLas parras de D. Emilio son jóvenes y pintan de buenas cepas. Los perros ladran para dejar constancia de la guardia permanente, ahora la finca se ha transformado en una magnífica hacienda de vivienda vacacional. Inspira la construcción antigua y el paisaje agrícola mezclado con la memoria de otros tiempos, árboles que cuelgan ramas veteranas que conocen de nubes y soles de medianías, es el ayer y el hoy de los dos tiempos que se resisten a pernoctar, luchando por la supervivencia de un lugar mágico.

Hay un drago enorme, elegante que cuelga a un costado de las casas, imagen bucólica en las tardes invernales, donde se deja notar su hermoso tronco musculoso cayendo sobre el tejado norte.

 

Arriba el pinar atrapa alisios, haciéndoles llorar de nostalgia, para ganar su consuelo, les cuenta historias de primaveras rotundas, de verdes esperanzas, de arrieros que cantan por los caminos que van al pueblo, mientras las lecheras agitan al vaivén su contenido. Es una táctica para dejar las nubes dormidas y apagar la sed y el sofoco estival. El viento danza estribillos para acompañar las coplas de las mimbreras mientras la época de la trashumancia se manifiesta en su ciclo más activo

En las laderas del "Fregenal", los olivos y almendreros se han agarrado a la tierra conquistando el espacio a base de fortalecer sus ramas. Es una lucha contra la evolución de las especies, sin la mano del hombre,  siempre sucede que a falta de disciplina acaba imperando la anarquía vegetal y animal. Los conejos se divierten corriendo a cualquier hora por los andurriales de la finca, se le detectan fácilmente, están en paz y a sus anchas.

Don Conejo llegó a un acuerdo con el creador de su especie, este le permitió varias gracias menos una: "te haré mimetizado de tus enemigos, noble y rápido conejo amigo, pero para localizarte te pintaré el rabo de blanco, al moverte te pueden localizar”; “pero usarás la segunda concesión, correr"; “de acuerdo dijo el conejo y estiró las orejas de punta en señal de haber escuchado bien, entonces campó libre hasta ser alcanzado por los depredadores más astutos, mientras escarban y disfrutan de la procreación  en libertad”.

Las perdices siempre viajan en pareja, es raro ver una perdida, vuelan rasante, son especialistas de alas cortas y van como bolas de catapulta, cuando cantan producen chasquidos con ecos similares a las ranas, es un pájaro extraño pero muy bello y altanero en sus andares.

La finca es un paraíso natural entre agrícola y rural, tiene la suerte antigua de mantener el orden en los espacios dedicados al cultivo, ahora falta la mano del hombre, que poco a poco devuelve esplendor a un paisaje re-adaptado a nuestros tiempos. Como en todo llevará dedicación y gracia, que aún la tiene escondida.

Feli Santana

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