EL PELIGRO NO VIENE EN PATERA

ronalRONALD RAMÍREZ ALEMÁN

No todo vale. Por mucho que el turismo para Canarias sea tan importante como el oxígeno para vivir, las instituciones no pueden tratar a la gente como si fuera tonta. Y menos si con su manera de edulcorar la realidad potencia algo tan grave como es el racismo. Un problema que tristemente, y aunque muchos no quieran admitirlo (precisamente los que padecen esta milenaria enfermedad), sigue instaurado en nuestra sociedad. Me refiero a lo de vender que nuestros aeropuertos están libres de coronavirus y, al mismo tiempo, exhibir los positivos de los inmigrantes que arriban en patera a nuestras costas. El peligro es ese, dicen, mientras cada vez son más los turistas que llegan por aire con la única vigilancia de un desbordado personal de Sanidad Exterior que, indignados por la falta de recursos materiales y humanos, se tienen que conformar con tomar la temperatura, recoger cuestionarios y llevar a cabo un pírrico control visual que ellos mismos saben que no sirve de nada. Aunque este sinsentido no es solo cosa de nuestro archipiélago. La fotografía nacional desvela un cuerpo olvidado, con menos de 150 sanitarios, al que se le ha encargado la titánica tarea de fiscalizar las fronteras. En Gran Canaria, para ser más exactos, son solo tres médicos y cuatro enfermeros para los dos puertos y el aeropuerto de Gando.

TIEMPO DE DESEOS: SEXO Y CAPITALISMO

FEMINISMOAndrea D'Atri 

Vivir sola, ejercer el amor libre, mantener una vida sexual activa y satisfactoria dejaron de ser pecados para convertirse prácticamente en privilegios de clase.

Por si fuera necesario demostrar que la evolución –gradual y progresiva– no es el movimiento de la Historia, en nuestra época se superponen de manera abigarrada y compleja los fundamentalismos religiosos con la exhibición y oferta de cuerpos, prácticas y productos sexuales en redes sociales. El collage posmoderno nos brinda una variada oferta de estilos de vida y de consumo, donde Vox puede salir en las primeras planas proponiendo prohibir la educación sexual en las escuelas y, a un click de distancia, se puede obtener un live streaming pornográfico con Camboya.

ASCO

rosaRosa María Artal

Hay que limpiar detrás del escaparate porque muchos ciudadanos magníficos se han dejado la piel por todos, a pesar de la ingente labor de enfangar la imagen de España

Salimos de las restricciones por el coronavirus –que no de la presencia de la pandemia- con un enorme pesimismo social y con toda una gama de sensaciones sobre lo ocurrido. Los disconformes con la gestión del Gobierno son una minoría pero jaleada con tal amplitud por los medios que va calando en la sociedad. "¿Qué tal has llevado el confinamiento?", oyes en la calle al camarero que prepara una terraza. "Bien, salvo por los políticos", responde el amigo. "Los políticos", el gran mantra que han colado también. Unos trabajan y otros entorpecen y agreden, pero en épocas de "equidistancia" parcial y culpable, esa simplificación funciona para los objetivos.

AMENAZA, QUE NO ES POCO

gerardo tece

GERARDO TECÉ

En España, últimamente, como tantas otras cosas horteras, la versión más barata de la violencia está de moda

La amenaza es la forma de violencia más barata que se despacha a día de hoy en el supermercado. Amenazar, en lo más íntimo del asunto, no es otra cosa que el intento de quitarle el sueño a alguien sin que esto le suponga al amenazador demasiado esfuerzo y muy poco riesgo. Amenazar es, en fin, un deporte para vagos en el que suelen destacar por norma general los más cutres y cobardes de cada pueblo. Las amenazas, como todo en la vida, pueden llegar a ser estéticas. Estas suelen darse en el cine. Nunca, en la vida real, una cabeza de caballo metida bajo las sábanas ensangrentadas de una cama sería algo fotogénico, sino un puñetero horror. En la vida real la amenaza es siempre, como buena prima hermana de la violencia, cutre, fea, desagradable.

LA DERECHA CALLADA

gerardo teceCada cierto tiempo llegan a España declaraciones de Angela Merkel que escuchamos con la envidia del niño de pueblo que escucha a los primos de la capital hablando de la variedad y tamaño de las salas de cine en la ciudad. En ambos casos, la misma conclusión melancólica: ojalá hubiera aquí eso. Hace unos días, la referente de la derecha europea y canciller del Gobierno alemán alertaba sobre las intenciones de la ultraderecha. Merkel los llama fuerzas antidemocráticas. Las fuerzas antidemocráticas, decía Merkel, están deseando que llegue una fuerte crisis económica para poder alimentar su discurso de odio. No es la primera vez que la lideresa alemana se planta sin complejos ante los ultras para sorpresa de los que andamos al sur de los Pirineos. Tiempo atrás les pegó un buen revolcón en el Bundestag explicándoles que no podían ir por ahí lloriqueando porque alguien les recordase que lo suyo no era libertad de expresión, sino odio contra el diferente. Es lo que tiene vivir en países que en su momento superaron el virus del fascismo: allí se puede ser de derechas y demócrata.

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